Un año después, el geólogo Allan Astorga (2011) mencionó la indignación que han experimentado los expertos en gestión de desastres y las familias afectadas, debido a la falta de voluntad por parte de las municipalidades para tomar acciones preventivas ante las amenazas naturales, lo cual es especialmente cierto en este caso, pues ya se sabía cinco años antes de la tragedia que la zona era vulnerable a este tipo de eventos. Astorga (2011) también hizo énfasis en que se ha hecho habitual el permitir que sigan ocurriendo este tipo de afectaciones año tras año, en menor o mayor grado, como consecuencia de las tormentas tropicales propias de la estación lluviosa y de la vulnerabilidad de estos barrios, claramente ignorados por los gobiernos locales en cuanto a prevención de desastres. De esta manera, las lluvias habituales tienen el potencial de provocar desastres de forma recurrente en los mismos sitios.
Continúa Astorga (2011) comentando la situación tan preocupante que se vive en el país debido a que las autoridades suelen responder de forma reactiva a los desastres (una vez que ya ocurrieron), pero no actúan de forma preventiva, a pesar de que cuentan con la información necesaria para ello. Por ejemplo, comenta que un 20% de la población de la Gran Área Metropolitana habita en lugares de alto o muy alto riesgo de desastres naturales, los cuales suelen ser a la orilla de ríos o quebradas o al pie de cerros. Tristemente, la principal razón por la que esta situación ha llegado a ser común, es porque las municipalidades continúan dando permisos para construcción o vivienda en zonas de alto riesgo, lo cual demuestra su firme negación (o quizás negligencia) en cuanto a aprender de la experiencia de desastres pasados, como se comentó anteriormente en la entrada del Huracán César.
En cuanto a la cultura de prevención de las comunidades en alto riesgo, como las mencionadas en esta entrada, parece ser que siguen el mismo comportamiento de los gobiernos locales, en el sentido de que se muestran muy solidarios con sus vecinos luego de ocurrido el desastre, pero no se preparan previamente para evitar daños y fallecimientos. Sin embargo, un año despúes y de forma reactiva, los vecinos de los barrios afectados por el alud hacían recorridos tres veces por semana para verificar que el cauce de la Quebrada Lajas no presentara obstrucciones y el alcalde de Escazú aseguraba que "los vecinos reciben capacitación para que elaboren sus planes de prevención y evacuación de emergencia", además de prometer la reubicación de 54 familias (López, 2011).
No obstante, pienso que el problema de vulnerabilidad más grande radica en la mentalidad pasiva de los ciudadanos, que continuan en una situación de alto riesgo año tras año, en la cual su vulnerabilidad puede aumentar, mientras esperan en vano que sus gobiernos locales resuelvan el problema. En esta situación, es meritorio que las comunidades contacten ellas mismas al comité local de emergencias para la preparación de planes de prevención del desastre o de respuesta a emergencias. Además, me parece que si no tienen la oportunidad de cambiar su vivienda a un sitio más seguro (ya sea por falta de recursos propios o por falta de ayuda del gobierno), al menos deben organizarse para estar muy alertas en caso de un potencial desastre (de forma preventiva, y no solamente reactiva, como en el caso de los vecinos de Las Lajas), especialmente cuando llegan las semanas de lluvia incesante y durante las horas de la noche y madrugada, cuando son más vulnerables. De esta manera, podrían por lo menos huir y salvar sus vidas momentos antes de que ocurra el evento, aun si no rescatan sus pertenencias.
Por su parte, la Comisión Nacional de Emergencias (s.f.) brinda varios consejos preventivos en caso de zonas vulnerables a deslizamientos, entre ellos: "En épocas de lluvia o temporales prolongados o bien actividad sísmica intensa, mantengamos permanente vigilancia del sector y alejémonos lo más posible, e informemos a los vecinos y autoridades competentes si observa algo anómalo" y "junto con las autoridades, revisemos las cuencas del río y quebradas para determinar si hay represamiento del cauce". Parece que los vecinos de Las Lajas hicieron caso de estos consejos luego del desastre, pero una verdadera cultura de prevención requiere de que otras comunidades aprendan de lo sucedido y que apliquen estos consejos de forma preventiva, y no solo reactiva.
Referencias bibliográficas:
Astorga, A. (4 de noviembre de 2011). A un año de la tragedia de barrio Lajas de Escazú. La Nación. Recuperado de http://www.nacion.com/archivo/ano-tragedia-barrio-Lajas-Escazu_0_1230077059.html
Comisión Nacional de Emergencias. (S.f.). Gestión Preventiva: Derrumbe o Deslizamiento. Recuperado de https://www.cne.go.cr/index.php/gestireventiva-la-instituci40/36-educacion-y-asesoria/79-derrumbe
López, A. (6 de noviembre de 2011). Calle Lajas inmersa en recuerdos. Al Día. Recuperado de http://wvw.aldia.cr/ad_ee/2011/noviembre/06/noticias-del-dia2964261.html
Teletica Costa Rica. (4 de noviembre de 2010). San Antonio de Escazú amaneció bajo el deslave del Cerro Pico Blanco [archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/y7FOSyADadA

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