Universidad Estatal a Distancia
Vicerrectoría Académica
Escuela de Ciencias Exactas y Naturales
Cátedra de GEOCIENCIAS

Educación en Riesgos y Amenazas - Código 03184
II cuatrimestre de 2017


Blog
Cultura de prevención de desastres en Costa Rica


Estudiante: Mario J. Montero Guzmán
Cédula: 6-340-205
Centro Universitario: Guápiles


Fecha de entrega:
17 de julio de 2017

lunes, 17 de julio de 2017

El Huracán Otto (2016): ejemplo de la impredecibilidad de los desastres naturales

         El Huracán Otto ha sido el primero en entrar al territorio costarricense, dejando un saldo de 10 fallecidos y grandes pérdidas materiales en muchas comunidades del Atlántico y de la Zona Norte, especialmente en el cantón de Upala y Bagaces, luego de su paso por el país el 24 de noviembre de 2016. La gravedad del desastre que provocó fue algo relativamente inesperado, pues cuando el huracán tocó tierra en la costa nicaragüense, las autoridades reportaron que estaba perdiendo su intensidad hasta convertirse en tormenta tropical. Sin embargo, este alivio resultó falso cuando el Huracán retomó su fuerza hasta alcanzar vientos de 155 km/h (categoría II), entrando al país por el sector de Upala y causando graves daños en su trayectoria junto a la frontera norte, hasta salir al Oceáno Pacífico (Brenes, 2016). Dada la naturaleza altamente impredecible de los huracanes, se manejaba desde un inicio una cierta zona de probabilidad para el paso del Huracán, como se muestra en el siguiente infográfico:

Posible trayectoria del Huracán Otto para el 22/11/2017.  Fuente: La Nación

Trayectoria que siguió el Huracán Otto. Fuente: elsemanario.com
       En cuanto a la cultura de prevención relacionada con este evento, cabe resaltar la negligencia y falta de compromiso que poseen los gobiernos locales para reducir la vulnerabilidad los ciudadanos ante las amenazas naturales. En el caso de Upala, existía una propuesta de plan regulador hecha por la Universidad Nacional, la cual pretendía reubicar gran parte de la ciudad de Upala lejos del Río Zapote, pero fue frenada por las personas del comité local de emergencias y de la municipalidad. Esto facilitó que el desastre ocurriera con mayores consecuencias, pues muchos hogares, escuelas, comercios y otras estructuras de la ciudad de Upala fueron sometidas al desborde repentino del Río Zapote por las lluvias intensas que trajo el Huracán Otto, lo cual ocurrió precisamente en las zonas de alto riesgo detectadas antes del evento. En el caso de otros cantones, es el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) o la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA) los que ponen freno a las iniciativas de planes reguladores, de manera que promueven el descuido y abandono de los proyectos para la prevención de desastres (Villalobos, 2016).

     En contraste a la negligencia en materia de prevención descrita anteriormente, el presidente Luis Guillermo Solís, junto con sus ministros, consejeros y la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), tuvieron un alto compromiso con las preparaciones previas a la amenaza que se avecinaba, lo cual, sin embargo, sigue siendo una reacción a corto plazo más que una verdadera cultura de prevención. Ellos tomaron la iniciativa en cuanto a preparar y evacuar a las comunidades de más alto riesgo de la costa Atlántica, principalmente Tortuguero y Barra del Colorado, con la expectativa de que el Huracán Otto podría entrar al país por esa zona; tal como lo muestra el siguiente reportaje de Repretel (2016):
          Además, el Presidente y su equipo pusieron a gran parte del país en alerta roja y al resto en alerta amarilla, tal como se muestra en la siguiente figura, con el fin de advertir a la población sobre las posibles consecuencias del Huracán, principalmente vientos, lluvias, inundaciones y deslizamientos.

Mapa de los cantones en alerta roja por el paso del Huracán Otto el 24/11/2017. Fuente: elpais.cr
         Aunque estas medidas fueron aplaudidas, los dirigentes no pudieron preveer que las comunidades más afectadas serían las de Upala y Bagaces, por lo que no se realizó el mismo esfuerzo de preparación en estos sitios. Esto demuestra cómo las amenazas naturales, especialmente las de gran movilidad como los huracanes, tienen un importante nivel de impredecibilidad, por lo que incluso las buenas intenciones y esfuerzos por parte del gobierno pueden ser erróneamente alejados de las comunidades más vulnerables. No obstante, una verdadera cultura de prevención debe reducir la vulnerabilidad de todas las comunidades mucho antes de que se avecine la amenaza, lo cual lastimosamente no suele ocurrir en las zonas costeras y limítrofes de Costa Rica (Brenes, 2016).

        Otro agravante del desastre por el Huracán Otto, fue que las comunidades de la Zona Norte no habían tenido que enfrentar anteriormente el paso directo de un huracán y, por ende, tenían una preparación deficiente y un desconocimiento de cómo actuar ante este tipo de amenaza (Brenes, 2016). Dado que los expertos esperan que los huracanes sean más frecuentes e intensos debido al cambio climático (Villalobos, 2016), la prevención y preparación para enfrentarlos resulta ser un asunto prioritario para nuestro país, tanto en materia de planes reguladores cantonales como en el fortalecimiento de la cultura de prevención de los ciudadanos, especialmente aquellos cuya vulnerabilidad es mayor debido a que habitan en costas y zonas limítrofes de bajo desarrollo económico y de alta exposición a huracanes.


Referencias bibliográficas:

Brenes, D. (2 de diciembre de 2016). Personajes 2016: Otto, el huracán que azotó Costa Rica. La Nación. Recuperado de http://www.nacion.com/sucesos/desastres/Personajes-Otto-huracan-Costa-Rica_0_1601439870.html

Repretel. (22 de noviembre de 2016). Realizarán evacuación ante llegada de "Otto" [archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/l5WU1iLVlHA

Villalobos, M. (3 de diciembre de 2016). La gran lección de Otto: tragedias continuarán si no hay planificación. Crhoy.com. Recuperado de https://www.crhoy.com/nacionales/la-gran-leccion-de-otto-tragedias-continuaran-si-no-hay-planificacion/ 

domingo, 16 de julio de 2017

Alud en Barrio Lajas de Escazú (2010): Crónica de un desastre anunciado

      El 4 de noviembre de 2010, las comunidades de barrrio Lajas y El Carmen de San Antonio de Escazú fueron impactadas por un alud de piedras y lodo que descendió desde la parte alta del cerro Pico Blanco por el cauce de lo que normalmente es una humilde quebrada (Quebrada Lajas). Varias casas junto con sus ocupantes fueron arrastradas y destruídas, provocando la muerte de 24 personas. El evento sucedió poco antes de medianoche, luego de que ese día lloviera casi la misma cantidad que suele llover en todo un mes de la época lluviosa (López, 2011). A continuación, se muestra un video de Teletica Costa Rica (2010) mostrando los daños y las operaciones de rescate y un infográfico incluido en el reportaje de López (2011).




      Un año después, el geólogo Allan Astorga (2011) mencionó la indignación que han experimentado los expertos en gestión de desastres y las familias afectadas, debido a la falta de voluntad por parte de las municipalidades para tomar acciones preventivas ante las amenazas naturales, lo cual es especialmente cierto en este caso, pues ya se sabía cinco años antes de la tragedia que la zona era vulnerable a este tipo de eventos. Astorga (2011) también hizo énfasis en que se ha hecho habitual el permitir que sigan ocurriendo este tipo de afectaciones año tras año, en menor o mayor grado, como consecuencia de las tormentas tropicales propias de la estación lluviosa y de la vulnerabilidad de estos barrios, claramente ignorados por los gobiernos locales en cuanto a prevención de desastres. De esta manera, las lluvias habituales tienen el potencial de provocar desastres de forma recurrente en los mismos sitios.

     Continúa Astorga (2011) comentando la situación tan preocupante que se vive en el país debido a que las autoridades suelen responder de forma reactiva a los desastres (una vez que ya ocurrieron), pero no actúan de forma preventiva, a pesar de que cuentan con la información necesaria para ello. Por ejemplo, comenta que un 20% de la población de la Gran Área Metropolitana habita en lugares de alto o muy alto riesgo de desastres naturales, los cuales suelen ser a la orilla de ríos o quebradas o al pie de cerros. Tristemente, la principal razón por la que esta situación ha llegado a ser común, es porque las municipalidades continúan dando permisos para construcción o vivienda en zonas de alto riesgo, lo cual demuestra su firme negación (o quizás negligencia) en cuanto a aprender de la experiencia de desastres pasados, como se comentó anteriormente en la entrada del Huracán César.

      En cuanto a la cultura de prevención de las comunidades en alto riesgo, como las mencionadas en esta entrada, parece ser que siguen el mismo comportamiento de los gobiernos locales, en el sentido de que se muestran muy solidarios con sus vecinos luego de ocurrido el desastre, pero no se preparan previamente para evitar daños y fallecimientos. Sin embargo, un año despúes y de forma reactiva, los vecinos de los barrios afectados por el alud hacían recorridos tres veces por semana para verificar que el cauce de la Quebrada Lajas no presentara obstrucciones y el alcalde de Escazú aseguraba que "los vecinos reciben capacitación para que elaboren sus planes de prevención y evacuación de emergencia", además de prometer la reubicación de 54 familias (López, 2011).

    No obstante, pienso que el problema de vulnerabilidad más grande radica en la mentalidad pasiva de los ciudadanos, que continuan en una situación de alto riesgo año tras año, en la cual su vulnerabilidad puede aumentar, mientras esperan en vano que sus gobiernos locales resuelvan el problema. En esta situación, es meritorio que las comunidades contacten ellas mismas al comité local de emergencias para la preparación de planes de prevención del desastre o de respuesta a emergencias. Además, me parece que si no tienen la oportunidad de cambiar su vivienda a un sitio más seguro (ya sea por falta de recursos propios o por falta de ayuda del gobierno), al menos deben organizarse para estar muy alertas en caso de un potencial desastre (de forma preventiva, y no solamente reactiva, como en el caso de los vecinos de Las Lajas), especialmente cuando llegan las semanas de lluvia incesante y durante las horas de la noche y madrugada, cuando son más vulnerables. De esta manera, podrían por lo menos huir y salvar sus vidas momentos antes de que ocurra el evento, aun si no rescatan sus pertenencias.

      Por su parte, la Comisión Nacional de Emergencias (s.f.) brinda varios consejos preventivos en caso de zonas vulnerables a deslizamientos, entre ellos: "En épocas de lluvia o temporales prolongados o bien actividad sísmica intensa, mantengamos permanente vigilancia del sector y alejémonos lo más posible, e informemos a los vecinos y autoridades competentes si observa algo anómalo" y "junto con las autoridades, revisemos las cuencas del río y quebradas para determinar si hay represamiento del cauce". Parece que los vecinos de Las Lajas hicieron caso de estos consejos luego del desastre, pero una verdadera cultura de prevención requiere de que otras comunidades aprendan de lo sucedido y que apliquen estos consejos de forma preventiva, y no solo reactiva.


Referencias bibliográficas:

Astorga, A. (4 de noviembre de 2011). A un año de la tragedia de barrio Lajas de Escazú. La Nación. Recuperado de http://www.nacion.com/archivo/ano-tragedia-barrio-Lajas-Escazu_0_1230077059.html

Comisión Nacional de Emergencias. (S.f.). Gestión Preventiva: Derrumbe o Deslizamiento. Recuperado de https://www.cne.go.cr/index.php/gestireventiva-la-instituci40/36-educacion-y-asesoria/79-derrumbe

López, A. (6 de noviembre de 2011). Calle Lajas inmersa en recuerdos. Al Día. Recuperado de http://wvw.aldia.cr/ad_ee/2011/noviembre/06/noticias-del-dia2964261.html

Teletica Costa Rica. (4 de noviembre de 2010). San Antonio de Escazú amaneció bajo el deslave del Cerro Pico Blanco [archivo de video]. Recuperado de https://youtu.be/y7FOSyADadA

sábado, 15 de julio de 2017

El Huracán César (1996): una clara demostración de las carencias en cultura de prevención de desastres

          El Huracán César-Douglas, el cual recorrió centroamérica en julio de 1996, es considerado como uno de los desastres naturales más dañinos y sorpresivos de la historia de Costa Rica. Aunque tocó tierra en Bluefields, Nicaragua, sin entrar al territorio costarriense, tuvo la capacidad de provocar lluvias muy intensas en el Pacífico Central, Pacífico Sur y Zona de los Santos, las cuales originaron inundaciones, deslizamientos y comunidades incomunicadas. Esto fue sorpresivo, pues en un inicio se pensaba que no tendría efectos graves sobre Costa Rica, pero tres días después, el "recuento fatal (fue de) 34 muertos, 29 desaparecidos, 4.435 hectáreas perjudicadas, 1.417 viviendas destruidas y 170 puentes inutilizados" (Rodríguez, Salazar & Avendaño, 2016). El siguiente infográfico de Rodríguez et al. (2016) describe en detalle las consecuencias de este huracán.



       En el siguiente video-reportaje creado por Telenoticias Canal 7 (2011), se describe las consecuencias del paso del Huracán César sobre el pueblo de Rivas de Pérez Zeledón, uno de los muchos afectados en el Pacífico Sur del país. En el reportaje se hace referencia a la principal problemática que aumentó la vulnerabilidad y los daños sufridos por los afectados: la construcción de viviendas cerca de ríos u otros sitios de alto riesgo de inundación o deslizamientos. Esto se sigue dando aun cuando incumple varias leyes costarrienses y suele ser un comportamiento recurrente, pues se reconstruye en los mismos sitios anteriormente arrasados por los desastres naturales.


    
     En este tipo de situaciones, las autoridades costarricenses suelen ser permisivas con respecto a dejar que las personas habiten zonas de alto riesgo; además, las personas que se exponen a estas situaciones de riesgo suelen vivir en una especie de autoengaño al pensar que el desastre le puede ocurrir a otros pero no a ellos, y si ya lo sufrieron anteriormente, piensan que no les va a  ocurrir una segunda vez. Lastimosamente, estas carencias en la cultura de prevención de desastres son muy comunes en nuestro país, especialmente entre gente de bajos recursos económicos, quienes encuentran difícil desplazar sus viviendas hacia zonas más seguras.
   
     Según Tomblin (1996), hubo muchas lecciones aprendidas y previamente advertidas en relación con los daños causados por el Huracán César en Costa Rica, las cuales se muestran a continuación en un cuadro-resumen.

Cuadro 1. Resumen de las lecciones aprendidas en materia de gestión del riesgo de desastres naturales como consecuencia del Huracán César en Costa Rica. Fuente: Tomblin (1996).

Problemas
Causas
Consecuencias
Medidas correctivas
Carencia o inefectividad de actividades para la mitigación de inundaciones.
No zonificación de la amenaza o restricciones al uso de la tierra para limitar la vulnerabilidad a inundaciones.
Un mayor incremento en la construcción de viviendas en áreas de alto peligro.
1. Una zonificación de la amenaza debería ser llevada a cabo en las áreas recientemente afectadas.
2. Reconstrucción deberá restringirse hacia zonas de bajo peligro.
3. Sitios alternativos para vivienda.
4. Implementar programas de información pública adecuada.
Inexistencia de un plan de alerta o evacuación.
Este tipo de escenario no le fue dado la prioridad suficiente para la atención.
Las personas no toman las medidas apropiadas de preparación.
Iniciar los preparativos adecuados para la preparación.
Alerta temprana por peligro de inundación se dio insuficientemente.
No estaba en operación un monitoreo adecuado contra inundación.
La alerta no fue dada.
Se necesita examinar la posibilidad de instalar equipo de monitoreo para lluvia y caudal de ríos.
La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) tiene poca memoria institucional.
La mayor parte de la jerarquía superior es de reciente nombramiento por el actual gobierno.
No existe una base sólida en la administración para desastres.
Evitar cambios en la jerarquía principal tanto como sea posible.
Las autoridades políticas fueron lentas para reconocer el rol de la CNE.
Las autoridades políticas carecieron de un contacto responsable y de confidencia con la CNE.
La CNE no actuó tan rápido como debió ser. El tratamiento de la ayuda para las víctimas del desastre fue retrasado.
La CNE debería tomar iniciativas más fuertes para clarificar y publicitar sus funciones.
Conflictos tempranos de mensajes provenientes de diferentes fuentes.
Los roles no fueron claramente establecidos en la evaluación de necesidades del desastres y las declaraciones en los niveles nacional y local
El Departamento de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (UNDHA) y los donadores recibieron  mensajes  confusos y, en algunos casos, contradictorios.
Los roles y mecanismos de coordinación de las instituciones nacionales necesitan ser clarificados.
El ofrecimiento del equipo de Evaluación y Coordinación para Desastres de las Naciones Unidas (UNDAC) no fue aceptado.
Las funciones de la UNDAC no fueron suficientemente bien entendidas por la CNE.
Evaluación de las necesidades para la asistencia externa fueron retrasadas.
1. El rol de la UNDAC deberá estar claramente definido y difundido.
2. El criterio para la aceptación del equipo UNDAC deberá ser clarificado.
Las evaluaciones del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP) sobre la necesidad de ayuda no siempre fueron enviadas con claridad a la CNE.
1. Carencia de procedimientos establecidos.
Confusión sobre las necesidades entre las prioridades de ayuda externa.
Procedimientos necesitan ser revisados, claramente definidos y respetados.
2. Ausencia y dificultad en contactar al personal de la CNE en el campo.
Los medios recibieron reportes de diferentes fuentes, algunos de los cuales fueron inconsistentes.
Carencia de un mecanismo establecido y centralizado de conferencias y entrevistas para medios de comunicación.
Mensajes contradictorios conducen a la confusión y pérdida de credibilidad.
Necesidad de mecanismos a ser acordados y establecidos.
Necesidad de sistematizar y difundir las lecciones aprendidas del Huracán César.
El aprendizaje de procesos y desastres anteriores pudieron haber sido más efectivos.
Posibilidad para que la reducción de desastres avance significativamente.
La CNE debe organizar talleres para toda Costa Rica, posiblemente con oficiales en manejo de desastres de países vecinos.
 

Referencias bibliográficas

Rodríguez, A., Salazar, D. & Avendaño, M. (2016). EF repasa los efectos de los últimos tres huracanes que más impactaron a Costa Rica: Se trata de los fenómenos Juana, César y Mitch. El Financiero. Recuperado de http://www.elfinancierocr.com/economia-y-politica/EF-huracanes-impactaron-Costa-Rica_0_1072092790.html

TeleNoticias Canal 7. (2011). Costa Rica no aprendió la lección tras paso del huracán César [archivo de video]. Recuperado de: https://youtu.be/qxLLDNyw8Oo

Tomblin, J. (1996). Costa Rica: Lecciones aprendidas y reaprendidas del Huracán César. Ginebra, Suiza: Departamento de Asuntos Humanitarios de la Naciones Unidas. Recuperado de https://www.cne.go.cr/CEDO-CRID/pdf/spa/doc519/doc519-contenido.pdf

viernes, 14 de julio de 2017

El Terremoto de Limón (1991): uno de los mayores desastres naturales ocurridos en Costa Rica

       El Terremoto de Limón del 22 de abril de 1991 ha sido el evento sísmico más fuerte y prolongado que se haya registrado en Costa Rica, con una magnitud momento de 7,6 grados. Dejó 79 fallecidos en Panamá y 48 en Costa Rica, destruyendo además gran parte de la infraestructura vial y de acueductos en el 20% del territorio panameño y en el 10% costarricense (Comisión Nacional de Emergencias [CNE], 2016). En el siguiente infograma de Solís (2001) para La Nación, se muestra un resumen de los daños ocasionados y del área afectada:


     Con respecto a la cultura de prevención de desastres, el Terremoto de Limón marcó un antes y un después en la gestión del riesgo en Costa Rica, ya que condujo a crear leyes y reglamentos para la atención y manejo de los desastres naturales en el país (CNE, 2016), como por ejemplo, la creación de los comités municipales de atención de emergencias. Debido a la ineficiencia y falta de coordinación en la atención brindada por las distintas instituciones de ayuda luego del suceso, la CNE fue reestructurada como un ente coordinador y facilitador de la información necesaria para la gestión de desastres. Además, condujo a la actualización del Código Sísmico del país, que desde entonces reconoce que en el Caribe costarricense la actividad sísmica puede ser tan intensa como en el Pacífico y exige controles de calidad de los materiales para construcción, diseños resistentes en toda edificación y ubicaciones fuera de lugares de alto riesgo de desastre (Lara, 2016).

Función del Código Sísmico. Fuente: codigosismico.or.cr
        Estas normas se incorporaron dentro de la leyes y reglamentos de construcción del país, pero los mismos limonenses las han abrazado en procura de su seguridad, siempre con el temor de que ocurra nuevamente un evento similar. Sin embargo, este temor tan comprensible es quizás algo infundado, pues, como explicó a Loaiza (2001) el geólogo Marino Protti, del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), el Terremoto de Limón liberó suficiente energía de la zona, haciendo que un evento similar sea poco probable durante muchas décadas, aunque sí podría darse en las zonas cercanas en Panamá. En todo caso, los pobladores de Limón, y de todo el país en general, hemos aprendido a raíz de este evento que la cultura de prevención de los desastres debe fomentarse para así aumentar la capacidad de preparación y respuesta ante todo tipo de amenazas naturales y reducir el temor que causa la percepción de que volverán a ocurrir, pues de ser así, la prevención y preparación podrían reducir los daños a un mínimo.


Referencias bibliográficas

Comisión Nacional de Emergencias. (2016). El Terremoto de Limón de 1991 trazó el sendero de la gestión del riesgo. Recuperado de https://www.cne.go.cr/index.php/281-uncategorised/1125-2016-04-22-el-terremoto-de-limon-de-1991

Lara, J. (25 de abril de 2016).  Terremoto de Limón cambió a Costa Rica a la fuerza. La Nación. Recuperado de http://www.nacion.com/nacional/infraestructura/Terremoto-anos-cambio-pais-fuerza_0_1556844313.html

Loaiza, V. (22 de abril de 2001). Limón se levantó del terremoto. La Nación. Recuperado de http://wvw.nacion.com/ln_ee/2001/abril/22/pais1.html

Solís, F. (22 de abril de 2001). Infografía del Terremoto de Limón. La Nación. Recuperado de http://wvw.nacion.com/ln_ee/2001/abril/22/fue.jpg